viernes, 14 de noviembre de 2014

Banqueros, usureros y trileros

Hace tiempo que no aparecía por aquí por vergüenza. Por vergüenza de pertenecer a un colectivo, el de los economistas, que se ha ganado el desprecio de la sociedad. No ya solo por no haber sabido prever una crisis como la actual –aunque algunos ya veníamos comentando que el crecimiento del ladrillo tenía un fin-, sino por formar parte de un grupo en el que sus miembros más destacados acabarán formando un think tank en Soto del Real. Como ya he dicho muchas veces, asentar toda la doctrina económica en creer que somos racionales no solo es un error axiomático, es una estupidez (lo mismo que pensar que los políticos actúan por el interés de la sociedad y no por el suyo propio).
Otra de las cosas que me provoca sonrojo es que los economistas solemos darle nombres rimbombantes a cosas que ya tienen una definición muy clara en el diccionario de la Lengua Española (DRAE). Dos ejemplos relacionados con la banca y el sistema financiero en general: la banca tradicional y la banca de inversión.
 La banca tradicional es la de toda la vida, la que recibe depósitos y presta a particulares, empresas y administraciones públicas cobrando por ello un interés. Esta labor, que ahora mismo no están haciendo los bancos españoles, es fundamental para el funcionamiento de la economía capitalista, lo que ha “justificado” los rescates bancarios en toda Europa y los más de 100.000 millones de euros que hemos perdido los españoles por su mala gestión. Pues bien, acudamos al DRAE. Prestar significa entregar algo a alguien para que lo utilice durante algún tiempo y después lo restituya o lo devuelva. Pero esto no es lo que hacen los bancos, ya que en esa definición no hay intereses. Hay otro término que nos permite acercarnos mejor a una definición de lo que hacen las entidades financieras: usura que el DRAE define como el interés que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo o préstamo. Así que lo que hace la banca tradicional es usura –es interesante que si alguien te presta dinero y te cobra por ello es un usurero y está mal visto y si lo hace el banco es bueno para todos-.
Pasemos ahora a la banca de inversión que es el conjunto de entidades que se dedican a obtener financiación para las empresas y gobiernos a través de la emisión y colocación de valores. Hasta aquí todo bien salvo por un pequeño detalle: ¿qué valores y a quién se colocan? Si hablamos de acciones, bonos o letras todo está claro, pero si pensamos en futuros, opciones, CDs, titulizaciones, etc. entonces todo es mucho más complicado de entender porque no hay una relación directa entre el título y el órgano emisor –para hacernos una idea la CNMV ha tenido que publicar una guía-. Y en cuanto a la colocación, si lo hace entre inversionistas profesionales que tienen información de cómo funcionan estos mercados nuevamente nada que objetar, pero si los destinatarios son personas que desconocen lo que son esos activos; si además no solo las reglas no están claras sino que las alteran entonces ya no es banca de inversión sino trileros. Es como dejarle el dinero a alguien pensando que está en buenas manos y lo usa para ir al casino a jugar a la ruleta; pero además el croupier mueve la mesa para que caiga donde él quiere. Tengan en cuenta otra cosa que normalmente tampoco se dice: con este tipo de activos se produce un juego de suma cero, es decir, alguien gana porque alguien pierde.
Así que hablemos con propiedad del sistema bancario. Banca tradicional = usura; banca de inversión = trileros. A lo mejor teniendo las cosas claras podemos evitar nuevas crisis.

© José L. Calvo, 2014

lunes, 22 de septiembre de 2014

Ana P. Botín, la desregulación y el timo de la competencia

Leía el otro día que la gran lucha que pretende emprender la nueva presidenta del Banco de Santander, Ana Patricia Botín, es la de la desregulación del sistema bancario. O dicho en Román paladín: en cuanto pueda la vuelvo a liar. Porque eso supone la desregulación bancaria a la que una vez superada la crisis –para ellos que no para los ciudadanos que la seguimos sufriendo y tenemos que pagarla- se están apuntando cada vez más banqueros, políticos e incluso profesionales de la economía
¿Cuál es el argumento? Que el mejor sistema de funcionamiento es el mercado y que la competencia en los mercados, incluido el bancario, es mucho mejor que la regulación. Dos simples comentarios a esta tesis.
En primer lugar la Teoría Económica establece dos grandes tipos de competencia: la perfecta y la imperfecta. En la competencia imperfecta existen oligopolios, competencia monopolística, etc. y la principal consecuencia que se extrae es que en este tipo de mercados las empresas absorben el excedente del consumidor, produciendo menores cantidades de las óptimas a mayores precios. O dicho claramente, que las empresas se adueñan del bienestar de la sociedad para aumentar sus beneficios. Así que nada bueno para el conjunto de la sociedad surge de la competencia imperfecta, de la que sabemos mucho en España sobre todo en los mercados energéticos –petróleos y electricidad- y el bancario.
En segundo lugar, la competencia perfecta es como la gravedad cero: no existe en la Tierra. No hay un solo mercado mundial de ningún producto relevante, materias primas, energía, deuda, productos bancarios, en el que ninguna empresa tenga el suficiente poder de mercado para influir en los precios. Todo lo contrario. 
Entonces ¿por qué defenderlo a capa y espada incluso desde el mundo académico? Muy sencillo: porque quien lo defiende es quien tiene el poder, quien quiere seguir teniéndolo y quiere ejercerlo para ganar cada vez más y que cuando surjan problemas seamos todos los ciudadanos los que los paguemos. Desde los académicos porque hay mucho pelota que busca la financiación de un proyecto y bastantes vulcanianos surcando el espacio en el Star Trek (ajenos a la realidad).

© José L. Calvo

lunes, 8 de septiembre de 2014

Pero ahora ¿a quién le vendo los BMWs?

Hay un cuento en internet que explica cómo funciona la economía a partir de un viajero que paga 100€ en un hotel. Déjenme contarles otro en esa misma línea: en el pueblo Europa vivían el rico carnicero Hans, el panadero François y un pobre atolondrado que vendía las chucherías llamado Pepe. A Hans no le gustaba cómo gastaba su dinero Pepe, que incluso le pedía prestado para ir de juerga, y un día decidió, junto con François, meterle en cintura y pagarle menos por sus chucherías. Como ellos eran sus únicos clientes Pepe vio cómo sus ingresos se reducían. Como ganaba menos Pepe no tuvo otra opción que reducir su consumo tanto de pan como de carne, por lo que los ingresos de François y Hans también se vieron reducidos. Eso les llevó a comprar menos chuches, carne y pan… la espiral siguió hasta que todos acabaron arruinados, no pudiendo comprar nada. La moraleja la da la propia OCDE: bajar los salarios no solo no aumenta la competitividad sino que es contraproducente
Pues aunque no lo crean esto es lo que ha pasado en la Unión Europea en estos últimos 7 años de crisis. En vez de hacer lo lógico, es decir que Hans (Europa Central), François (Francia e Inglaterra) y Pepe (los PIGs) se hubieran sentado, que le hubieran echado una bronca a Pepe por su dispendio y que le hubiesen controlado sus gastos para que no dilapidase su dinero, la moral calvinista decidió que los ciudadanos díscolos –que no sus políticos, tan amigos que hacen juntos el camino de Santiago- debíamos sufrir un castigo y ver cómo nuestros salarios se reducían de manera sustancial. Pero no pensaron que el 40% del PIB alemán se debe a las exportaciones y que de él el 70% se dirige a la UE, por lo que prácticamente el 30% del PIB germano depende de sus socios. Y que si nosotros no podemos comprar ellos no pueden vender. Resultado final: la deflación que recorre la UE y que ha venido para quedarse.  
¿Y ahora qué? Pues ahora es cuando se impone la razón y el BCE opta por políticas para impulsar la demanda y favorecer el crédito. Pero el mal ya está hecho: sufrimiento innecesario, millones de parados, deflación y, sobre todo, unas perspectivas de futuro tan inciertas y negativas que hacen que la salida de la crisis no se prevea cercana y que haya un ánimo de venganza contra aquellos que nos han llevado a esta situación que hace de fenómenos como el de Marine Le Pen, Syriza o Podemos la punta de lanza de lo que le espera a la UE –solo en eso se parecen Sr. González. Usted no puede hablar de izquierda ya que hace muchos años que renunció a formar parte de ella-. 
No estoy negando la necesidad de que se hicieran ajustes en los PIGs y en concreto en España. Lo que afirmo es que bajo el paraguas del neoliberalismo y el mercado, sustentado por economistas teórico-racionales que desconocen cómo funciona la economía de verdad, se ha generado un dolor evitable a personas reales, se ha destruido el estado del bienestar y sin embargo no se han hecho los cambios imprescindibles. Déjenme hacerles dos propuestas en esa línea: sobran al menos 8 Autonomías, todas las Diputaciones y los dos tercios de los ayuntamientos y sus respectivos cargos. Alemania y Francia ya han acometido esa transformación; en segundo lugar es necesario un control estricto de a dónde se destina cada euro de dinero de los contribuyentes. Los cursos de formación, la familia Pujol, los ERE, la financiación irregular de partidos y sindicatos… no se habría producido con un auténtico control del dinero público. Esa es la verdadera regeneración de la Administración y no es una propuesta ni de izquierdas ni de derechas porque la defendía el difunto profesor Barea tanto como yo. Lo demás es despedir a médicos, profesores, bomberos, funcionarios en general… que redunda en un empeoramiento de los servicios y bienestar general.

© José L. Calvo, 2014

jueves, 4 de septiembre de 2014

Chauvinismo a la española: por la independencia de Catalunya

Este verano he disfrutado de las vacaciones en Francia, donde, además de la magnífica cultura, la amabilidad y la simpatía de los franceses destaca su profundo amor por su país. Lo que aquí denominamos despectivamente como chauvinismo pero que para  mí es justo lo contrario. Cualquier francés, ya sea bretón o normando, del norte o del sur, es un enamorado de Francia, de los principios que encarna su bandera, de su grandeur y se siente orgulloso de las hazañas de sus compatriotas –la portada de los periódicos cuando ganaron el relevo en natación los bleus era dignas de enmarcar-.
Vuelve uno a España y descubre que nada ha cambiado, que seguimos embarrancados en los mismos problemas: la corrupción que nadie ataja, la casta tratando de desprestigiar de todas las formas posibles a Podemos… y el debate soberanista. Sobre este último un pequeño comentario.
Partamos de un hecho: soy español y me siento orgulloso de serlo. Me gusta mi bandera y querría poder cantar la letra de mi himno como hace el resto del mundo. Por eso mismo estoy a favor de la independencia de Catalunya. Tres son mis argumentos:
1. Es imposible hacer una campaña de marketing peor para defender la independencia que la que han hecho los catalanes en España. Partiendo del España me roba –parece que ahora quien les roba es su realeza, como a todos- sus argumentos se  han basado en que si Catalunya se encuentra en la actual situación se debe única y exclusivamente al resto de los españoles; que si no fuese por nosotros serían el motor económico de Europa. Si a eso añadimos que todos los españoles ilustres son catalanes –desde Colón a Miguel de Cervantes pasando por Teresa de Jesús- la cuestión no es el derecho a decidir de los catalanes, sino que muchos españoles ya hemos decidido que no queremos compartir estado con quien nos denigra.
2. La situación España/Catalunya  la explica muy bien la Economía del Comportamiento al hablar de los costes sumergidos que condicionan las decisiones y la necesidad de eliminarlos: es cierto que hemos invertido mucho –las dos partes- en este matrimonio; pero está roto y no tiene solución. Por mucho más que se quiera invertir ya no se va a arreglar, así que lo óptimo es divorciarse en los mejores términos posibles, repartir los bienes y aquí paz y después gloria. Dos países que podrán tener una relaciones de vecindad normales.
3. La independencia de Catalunya solo puede mejorar la marca España. No solo por la imagen de división civilizada que podemos dar, sino que desde la izquierda ya será posible obviar lo políticamente correcto y podremos tener un himno, una bandera –es sorprendente cómo ha despertado el republicanismo entre nuestros políticos de pseudoizquierda después de 35 años en el pesebre monárquico- e incluso podremos ser españoles y españolistas sin que sea considerado un insulto. Desarrollaremos campañas de la marca España sin complejos. Porque como se señalaba en un artículo de este verano en El Confidencial, ha habido en España nacionalismos de primera y de segunda: ser nacionalista catalán, vasco o gallego estaba bien visto; ser nacionalista español era terrible.
Tres motivos por los que si pudiera votar en el referéndum catalán diría SI/SI. Porque soy un independentista español de izquierdas. Y si no por favor que alguien me diga cómo me puedo nacionalizar francés.

© José L. Calvo

domingo, 1 de junio de 2014

Efecto Podemos: el mundo analógico vs. el digital y el juego del ultimátum

Pasada ya una semana de los comicios al Parlamento europeo sigue siendo muy interesante ver las reacciones de los partidos políticos tradicionales y la de sus voceros los tertulianos –esos señores expertos en nada pero que hablan de todo- ante el efecto Podemos. Desde la campaña de desprestigio lanzada por las gentes del PP –chavistas, comunistas (será un insulto para ellos)…-, pasando por el modelo Don Tancredo del PSOE –no existe el efecto Podemos- hasta la cara de tontos  que se les ha quedado a IU y el partido de Rosa Díez –UpyD es eso, ya lo deja ella claro- que esperaban rascar muchos más votos del descontento social.
Como ni soy analista político ni tertuliano solamente comentar dos aspectos que desde la economía con sentido común sirven para explicar este fenómeno.
El primero de ellos hace referencia a un hecho muy evidente: el PP, PSOE, IU y UPyD utilizan estrategias de comunicación del siglo pasado, de un mundo analógico, mientras que Podemos se incardina en el mundo digital del siglo XXI. Como señalan los expertos en economía de las redes sociales, los mercados son conversaciones. Eso es lo que Podemos vive y los otros desconocen. Facebook o Twitter son medios de comunicación entre los elegibles y los electores y no para lanzar slogans como ha hecho el Sr. Arias Cañete o para colgar fotos, la estrategia de la machista Valenciano -¿o no es machista valorar a un futbolista por su falta de belleza?-. Podemos y Pablo Iglesias, por el contrario, sí han establecido una comunicación de doble dirección con sus electores, han twitteado y respondido a todos y cada uno de los twitts. Han ganado uno a uno los votos a través de las redes sociales.
La segunda de las explicaciones procede de la Economía del comportamiento y de nuestro sentido de la equidad. Ya les he hablado en otros posts de los juegos del dictador y de su variante el juego del ultimátum. Se los recuerdo brevemente: en el juego del dictador se le da a un individuo una cuantía, por ejemplo 10€, y este tiene que repartirlos entre él y un individuo anónimo (el receptor). Lo racional es darle la menor cantidad posible, por ejemplo 10 céntimos, y que el otro lo acepte, ya que menos es nada. En el juego del ultimátum se introduce una variante importante: el receptor puede aceptar o no la cuantía asignada; y si no la acepta ninguno de los dos recibe nada. Los partidos tradicionales estaban acostumbrados al juego del dictador: nos ofrecían migajas, hacían promesas electorales que sabían que no iban a cumplir, nos exigían sacrificios mientras ellos cobraban sueldos irreales -¿9.000€ al mes un europarlamentario?- o nos robaban en nuestra propia cara. Y nosotros teníamos que aceptar mal que nos pesase, ya que no había opción. Debíamos elegir entre lo menos malo.
La llegada de Podemos ha supuesto un cambio de juego, que ahora ha pasado a ser el del ultimátum. Podemos nos ofrece una alternativa, nos ofrece la opción de no aceptar que los partidos analógicos nos impongan sus opciones. Ahora podemos elegir dejarles en la estacada, no votarles, porque alguien ofrece otra forma de hacer política. Y como buenos españoles hemos optado por renunciar a las migajas, por morir matando, por castigarles.
Dos cuestiones que el PP, PSOE, IU y UPyD deben aprender: deben oír a sus electores, preguntarles lo que quieren y hacerles caso. Y deben aprender a cumplir sus programas electorales, a convertirse en auténticos servidores de la sociedad. Si no el castigo será imparable.

© José L. Calvo

martes, 27 de mayo de 2014

¿Sueñan los econoandroides del FMI con españoles de plástico?

Hoy nos llega la última propuesta del FMI para la economía española: bajada de salarios en las empresas con problemas y subida de la imposición indirecta (IVA). Es decir, más de lo mismo en esta vorágine de política y economía ortodoxa en la que definitivamente se ha decidido que hay que hacer más ricos a los ricos y convertir en proletariado a la clase media, sobre la que está recayendo la crisis económica –de los pobres ya ni hablan. Esos solo cuentan en sus estudios teórico/estadísticos, pero a la hora de afrontar las soluciones no se tiene en cuenta ni su situación ni sus necesidades-.
No voy a analizar las propuestas de manera extensiva, pero permítanme unos breves  comentarios: la condonación de deuda a las Pymes viables es un brindis al sol; la posibilidad de bajada de salarios en las empresas con dificultades es una vuelta de tuerca más al ultraliberalismo económico. Y la subida del IVA es, nuevamente, una propuesta basada en modelos econométricos irreales.
Ya he comentado en otro post cómo la subida del IVA no tiene que suponer un aumento de la recaudación. Varios son los motivos. Por un lado la elasticidad de la demanda, algo que saben hasta los econoandroides: si la demanda es elástica los consumidores sobrerreaccionan a una subida del precio –que es lo que supone el aumento del IVA- y disminuyen los ingresos. En segundo lugar se puede producir una caída debido a la reducción absoluta de la demanda: si antes salía a cenar todos los fines de semana y me gastaba 200€ al mes de los que 40€ eran de IVA, la subida propuesta puede hacer que deje de salir algunos fines de semana e incluso todos, por lo que esos 40€ desaparecen de las arcas de Hacienda. Finalmente, hay una relación directa entre aumento del IVA y crecimiento de la economía sumergida, a lo que hay que sumar la indignación nacional ante la corrupción generalizada de la casta política. En esa medida un defraudador de Hacienda se convierte en una especie de vengador de aquellos que no podemos evitar pagar y todos justificamos su acción. Los dos últimos puntos no los reflejan los modelos econométricos, pero sí la Economía del Comportamiento y el sentido común.
El problema es el del siempre: en el mundo virtual de sus modelos macoreconométricos recreados en los despachos los españoles son de plástico y se les puede reducir el salario y subir los impuestos sin que reaccionen. Por eso les debe haber sorprendido tanto que en el país de la reina del FMI un partido en contra de su política se haya hecho con la mayoría de los votos franceses; que en España una fuerza política situada en el polo opuesto del espectro ideológico de la francesa y creada tan solo hace cuatro meses haya recogido cerca de un millón y medio de votos en contra de los recortes y su diseño de Europa o que en Grecia tampoco comulguen con sus ideas. Eso no lo predecía el modelo. ¡Y para eso tanto estudiar! Que decían en mi pueblo. Quizás sería mejor que los econoandroides del FMI salieran a la calle a ver cómo es el mundo, como lo hacían sus homónimos de Blade Runer.

© José L. Calvo, 2014

P.D.: Gracias Podemos. Me habéis devuelto la ilusión, la fuerza para creer que este país tiene otra solución. Al menos cerca de un millón y medio pensamos que sí.

martes, 1 de abril de 2014

La estulticia del Ministro de Hacienda

Llevo la última década de mi carrera profesional dedicada al estudio de la pobreza en España. He publicado artículos, libros, he presentado ponencias en Congresos internacionales y dirigido proyectos de investigación e incluso he tenido que defender la metodología empleada por el INE para incluir el alquiler imputado dentro de los ingresos de las familias, lo que cambia, y mucho, el perfil de los pobres españoles. He consultado todo tipo de fuentes, desde el INE a los informes FOESSA-Cáritas. Por ese motivo me siento capacitado para enfrentarme a los comentarios del Ministro de Hacienda y decir desde un punto de vista profesional lo que los ONGs y la realidad le indican día a día: Sr. Montoro, miente usted cuando trata de minimizar el efecto que la crisis ha provocado en la pobreza en España. Y no solo eso, sino que su capacidad profesional como investigador y catedrático de Hacienda Pública queda en entredicho (lo cual no es sorprendente para los que conocen los caminos que tuvo que seguir para llegar a la cátedra y los esfuerzos del profesor Barea. Lo que si extraña es que haga esas afirmaciones cuando tiene entre sus hombres de confianza un especialista en temas de pobreza que le podría haber asesorado antes de hablar).
No voy a entrar a discutir los datos que publica el INE en su Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) ya que estos han sido presentados en el citado Informe de Cáritas y discutidos en multitud de publicaciones. Lo que quiero dejar claro es que la metodología que emplea el INE para elaborar la ECV es la misma que utilizan todos los países de la Unión Europea y muchos de la OCDE. Es decir, que si los datos de España son falsos también lo son los de Alemania, Francia, Italia, Rumanía… Un ataque directo del Sr. Montoro al trabajo de muchos años y de muchos profesionales porque los datos no casan con su ansiada salida de la crisis.
Lo único que el Sr. Ministro de Hacienda podría argumentar en defensa de su tesis es que el umbral que se emplea para calcular la población pobre es relativo en lugar de absoluto. Dicho en términos sencillos, hay dos metodologías posibles: elaborar una cesta de consumo que incluya las cobertura de las necesidades mínimas de subsistencia en la sociedad en la que el individuo está ubicado –no sería la misma cesta en Nueva York que en Badajoz, ya que,por ejemplo, el coste de la vivienda es muy diferente-. Esto es lo que se denomina una línea de pobreza absoluta y en la mayoría de los países desarrollados se ha descartado su utilización por su excesiva complejidad; o bien utilizar un indicador de renta/gasto de un determinado país y establecer un límite a partir del cual los individuos que están por debajo son pobres. Esto es la línea de pobreza relativa, que es la que se emplea en España. Para calcularla se normalizan los ingresos a través de unas escalas equivalentes de consumo elaboradas por la OCDE; se obtiene la mediana de la renta por unidad de consumo equivalente –no consume igual a un adulto que un niño, ni el primer hijo que el segundo, por lo que se ponderan diferente- y se establece el umbral de pobreza como el 60% de esa mediana de la renta por unidad de consumo equivalente. Que en el caso de España nos lleva a 7.040€ para una persona que vive sola y a 14.784€ para un hogar con dos adultos y dos menores.
Las preguntas que a mi juicio el Ministro de Hacienda debería formularse ahora son muy sencillas: ¿puede vivir una persona con menos de 600€ al mes y una familia de cuatro miembros con algo más de 1.200€? Pero sobre todo ¿es moralmente sostenible que el gobierno niegue cualquier ayuda pública a esas familias para no ser “una economía centralizada” y hayamos superado los 200.000 millones de euros entregados a la banca y se vayan a rescatar unas autopistas que no sirven para nada? A lo mejor en lugar de intentar acusar subrepticiamente de comunistas –qué rancio, le ha faltado el contubernio judeomasónico- a los que abogan por esa ayuda sería mejor pensar como Keynes que la Economía tiene como objetivo el bienestar de los seres humanos, y que hay que hacer lo que sea preciso para conseguirlo. Que todos nos merecemos el beneficio del dinero público, incluidos los pobres, y no solo los Srs. Blesa, Hernández Moltó, Rato…

© José L. Calvo, 2014