martes, 27 de mayo de 2014

¿Sueñan los econoandroides del FMI con españoles de plástico?

Hoy nos llega la última propuesta del FMI para la economía española: bajada de salarios en las empresas con problemas y subida de la imposición indirecta (IVA). Es decir, más de lo mismo en esta vorágine de política y economía ortodoxa en la que definitivamente se ha decidido que hay que hacer más ricos a los ricos y convertir en proletariado a la clase media, sobre la que está recayendo la crisis económica –de los pobres ya ni hablan. Esos solo cuentan en sus estudios teórico/estadísticos, pero a la hora de afrontar las soluciones no se tiene en cuenta ni su situación ni sus necesidades-.
No voy a analizar las propuestas de manera extensiva, pero permítanme unos breves  comentarios: la condonación de deuda a las Pymes viables es un brindis al sol; la posibilidad de bajada de salarios en las empresas con dificultades es una vuelta de tuerca más al ultraliberalismo económico. Y la subida del IVA es, nuevamente, una propuesta basada en modelos econométricos irreales.
Ya he comentado en otro post cómo la subida del IVA no tiene que suponer un aumento de la recaudación. Varios son los motivos. Por un lado la elasticidad de la demanda, algo que saben hasta los econoandroides: si la demanda es elástica los consumidores sobrerreaccionan a una subida del precio –que es lo que supone el aumento del IVA- y disminuyen los ingresos. En segundo lugar se puede producir una caída debido a la reducción absoluta de la demanda: si antes salía a cenar todos los fines de semana y me gastaba 200€ al mes de los que 40€ eran de IVA, la subida propuesta puede hacer que deje de salir algunos fines de semana e incluso todos, por lo que esos 40€ desaparecen de las arcas de Hacienda. Finalmente, hay una relación directa entre aumento del IVA y crecimiento de la economía sumergida, a lo que hay que sumar la indignación nacional ante la corrupción generalizada de la casta política. En esa medida un defraudador de Hacienda se convierte en una especie de vengador de aquellos que no podemos evitar pagar y todos justificamos su acción. Los dos últimos puntos no los reflejan los modelos econométricos, pero sí la Economía del Comportamiento y el sentido común.
El problema es el del siempre: en el mundo virtual de sus modelos macoreconométricos recreados en los despachos los españoles son de plástico y se les puede reducir el salario y subir los impuestos sin que reaccionen. Por eso les debe haber sorprendido tanto que en el país de la reina del FMI un partido en contra de su política se haya hecho con la mayoría de los votos franceses; que en España una fuerza política situada en el polo opuesto del espectro ideológico de la francesa y creada tan solo hace cuatro meses haya recogido cerca de un millón y medio de votos en contra de los recortes y su diseño de Europa o que en Grecia tampoco comulguen con sus ideas. Eso no lo predecía el modelo. ¡Y para eso tanto estudiar! Que decían en mi pueblo. Quizás sería mejor que los econoandroides del FMI salieran a la calle a ver cómo es el mundo, como lo hacían sus homónimos de Blade Runer.

© José L. Calvo, 2014

P.D.: Gracias Podemos. Me habéis devuelto la ilusión, la fuerza para creer que este país tiene otra solución. Al menos cerca de un millón y medio pensamos que sí.

martes, 1 de abril de 2014

La estulticia del Ministro de Hacienda

Llevo la última década de mi carrera profesional dedicada al estudio de la pobreza en España. He publicado artículos, libros, he presentado ponencias en Congresos internacionales y dirigido proyectos de investigación e incluso he tenido que defender la metodología empleada por el INE para incluir el alquiler imputado dentro de los ingresos de las familias, lo que cambia, y mucho, el perfil de los pobres españoles. He consultado todo tipo de fuentes, desde el INE a los informes FOESSA-Cáritas. Por ese motivo me siento capacitado para enfrentarme a los comentarios del Ministro de Hacienda y decir desde un punto de vista profesional lo que los ONGs y la realidad le indican día a día: Sr. Montoro, miente usted cuando trata de minimizar el efecto que la crisis ha provocado en la pobreza en España. Y no solo eso, sino que su capacidad profesional como investigador y catedrático de Hacienda Pública queda en entredicho (lo cual no es sorprendente para los que conocen los caminos que tuvo que seguir para llegar a la cátedra y los esfuerzos del profesor Barea. Lo que si extraña es que haga esas afirmaciones cuando tiene entre sus hombres de confianza un especialista en temas de pobreza que le podría haber asesorado antes de hablar).
No voy a entrar a discutir los datos que publica el INE en su Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) ya que estos han sido presentados en el citado Informe de Cáritas y discutidos en multitud de publicaciones. Lo que quiero dejar claro es que la metodología que emplea el INE para elaborar la ECV es la misma que utilizan todos los países de la Unión Europea y muchos de la OCDE. Es decir, que si los datos de España son falsos también lo son los de Alemania, Francia, Italia, Rumanía… Un ataque directo del Sr. Montoro al trabajo de muchos años y de muchos profesionales porque los datos no casan con su ansiada salida de la crisis.
Lo único que el Sr. Ministro de Hacienda podría argumentar en defensa de su tesis es que el umbral que se emplea para calcular la población pobre es relativo en lugar de absoluto. Dicho en términos sencillos, hay dos metodologías posibles: elaborar una cesta de consumo que incluya las cobertura de las necesidades mínimas de subsistencia en la sociedad en la que el individuo está ubicado –no sería la misma cesta en Nueva York que en Badajoz, ya que,por ejemplo, el coste de la vivienda es muy diferente-. Esto es lo que se denomina una línea de pobreza absoluta y en la mayoría de los países desarrollados se ha descartado su utilización por su excesiva complejidad; o bien utilizar un indicador de renta/gasto de un determinado país y establecer un límite a partir del cual los individuos que están por debajo son pobres. Esto es la línea de pobreza relativa, que es la que se emplea en España. Para calcularla se normalizan los ingresos a través de unas escalas equivalentes de consumo elaboradas por la OCDE; se obtiene la mediana de la renta por unidad de consumo equivalente –no consume igual a un adulto que un niño, ni el primer hijo que el segundo, por lo que se ponderan diferente- y se establece el umbral de pobreza como el 60% de esa mediana de la renta por unidad de consumo equivalente. Que en el caso de España nos lleva a 7.040€ para una persona que vive sola y a 14.784€ para un hogar con dos adultos y dos menores.
Las preguntas que a mi juicio el Ministro de Hacienda debería formularse ahora son muy sencillas: ¿puede vivir una persona con menos de 600€ al mes y una familia de cuatro miembros con algo más de 1.200€? Pero sobre todo ¿es moralmente sostenible que el gobierno niegue cualquier ayuda pública a esas familias para no ser “una economía centralizada” y hayamos superado los 200.000 millones de euros entregados a la banca y se vayan a rescatar unas autopistas que no sirven para nada? A lo mejor en lugar de intentar acusar subrepticiamente de comunistas –qué rancio, le ha faltado el contubernio judeomasónico- a los que abogan por esa ayuda sería mejor pensar como Keynes que la Economía tiene como objetivo el bienestar de los seres humanos, y que hay que hacer lo que sea preciso para conseguirlo. Que todos nos merecemos el beneficio del dinero público, incluidos los pobres, y no solo los Srs. Blesa, Hernández Moltó, Rato…

© José L. Calvo, 2014

jueves, 20 de marzo de 2014

Reforma fiscal. Un traje a medida

Una de las cosas que mejor saben hacer los periodistas es inventarse titulares. Por eso ha sonado tan bien  la presentación que han hecho de la reforma fiscal propuesta por un grupo de sabios. Para empezar, en el mundo académico de la economía en España no hay muchos sabios que digamos, más bien bastantes listillos. Pero en segundo lugar, no parece ser muy sabio quien al cabo de unos días admite que han elaborado un Informe según las directrices que le han marcado desde Bruselas y el FMI. Vamos, que para eso podíamos haber consultado qué quieren las señoras Merkel y Lagarde y nos habíamos evitado meses de reuniones de sabios.
Pero vayamos a la reforma fiscal propiamente dicha. Sin entrar en un análisis en profundidad –no soy especialista en Hacienda Pública- salta a la vista que la reforma propuesta está diseñada para favorecer a los ricos y hacer caer el peso de la crisis más aún sobre la clase media. Algunos ejemplos: no se toca la fiscalidad de las SICAV –al 1%- donde tienen su dinero todos los pudientes del país –Amancio Ortega, los Botín, las Koplowitz, etc.-; se propone eliminar el Impuesto de Patrimonio –que nuevamente favorece a los más ricos- y sin embargo se introduce en el IRPF el alquiler imputado, es decir, la tributación por la propiedad de la vivienda habitual más allá del IBI. Es decir, y por poner un ejemplo, una persona que posea diez casas no tributaría por nueve de ellas, en Patrimonio, y tan solo lo haría por aquella en la que vive; mientras que alguien cuya única posesión es su vivienda habitual tributará por ella. Además, se propone reducir el tipo máximo del IRPF hasta el 50%, en una nueva propuesta favorable a las rentas más altas.
La otra gran línea de actuación es la sustitución de cotizaciones sociales por impuestos indirectos (IVA). El “sabio” profesor Lagares se atreve a decir públicamente que los impuestos indirectos son progresivos y se queda tan tranquilo. Como todo alumno que quiere aprobar cualquier asignatura de primero de Economía o ADE sabe, los impuestos directos son progresivos, mientras que los indirectos son regresivos. Por una cuestión muy sencilla: en los impuestos directos se paga por los ingresos, bajo el principio de quien gana más paga más, mientras que en los indirectos se paga por el consumo, es decir, quien consume más paga más. Supongamos dos individuos, uno ingresa 500.000€ anuales y el otro 25.000€. El primero pagaría en IRPF en la actualidad el 52% (260.00€), y el segundo el 28% (7.000€). Consideremos que ambos gastan en consumo 20.000€/año (todos comemos, nos vestimos, pagamos la luz, el agua…). Al tipo medio del 21% de IVA ambos pagarían 4.200€. Es decir, el rico pagaría el 0,84% de su renta en impuestos indirectos mientras que el segundo el 16,8%. Muy progresista.
Finalmente, la propuesta que más sensata, la eliminación de duplicidades, triplicidades, etc. impositivas entre ayuntamientos, CC.AA. y estado central ya ha quedado claro que quedará a voluntad de los políticos, es decir, en aguas de borrajas. 
En definitiva, una propuesta de Reforma Fiscal ajustada a la ideología del gobierno y a las directrices de Alemania y el FMI; que sigue la línea de incrementar la presión fiscal sobre las clases medias y dejar prácticamente sin imposición a los más ricos; y que no acomete el verdadero problema de la imposición en España: su complejidad y, sobre todo, el fraude fiscal. Cada día estoy más contento de ser un economista normalito.

© José L. Calvo, 2014

martes, 4 de marzo de 2014

Ignorantes financieros

La declaración del Sr. Blesa ante la Audiencia el 4 de marzo de 2014 muestra hasta donde ha llegado la falta de vergüenza de los amigos del PP –en la dirección de CajaMadrid le puso Esperanza Aguirre y es íntimo del Sr. Aznar y su familia como muestran sus e-mails-. Según El País Blesa declaró que “un cliente minorista o un jubilado que cobra su pensión no es un ignorante financiero”, o según otras fuentes “los pensionistas no tienen por qué seres ignorantes financieros”. Si bien en teoría esto puede ser cierto, algunos hechos hacen que su comentario sea más una boutarde que una realidad.
En primer lugar, la gran mayoría de los pensionistas que tenían depositados sus ahorros y pensiones en las Cajas de Ahorro no son financieros jubilados como José Ignacio Goirigolzarri –actual presidente de Bankia y jubilado del BBVA con una pensión de 67,8 millones de euros-. Muy por el contrario, son pensionistas que no suelen alcanzar la pensión máxima y, desde luego, no tienen una formación financiera suficiente como para conocer lo que es un bono basura. A todos ellos se les vendieron preferentes argumentando que eran renta fija cuando estos productos perpetuos son muy similares a las acciones. Una cuestión muy diferente se estaría discutiendo si en vez de hacerles la oferta preferentes/renta fija se les hubiese hecho la propuesta preferentes/acciones.
En segundo lugar, no todos los 300.000 clientes que  Bankia llegó a tener afectados por los productos vendidos por Caja Madrid y Bancaja son pensionistas. Ha habido casos de niños, personas con deficiencias mentales, analfabetos… Afirmar que estos clientes “son responsables de lo que firmaban, de lo que leían o no leían” es nuevamente una forma de ofensa en lugar de defensa.
Por último, y para no extenderme, antes he dicho que la gran mayoría de los clientes de CajaMadrid no tenían cultura financiera para enfrentarse a bonos basura. Porque así es como  Moody’s calificó las preferentes de Caja Madrid en mitad de su comercialización, en junio de 2009. Moody’s especificaba que las preferentes con nota Ba2 “son propias de inversores especuladores”. Nuevamente un perfil que nada tiene que ver con el depositante de CajaMadrid.
No obstante, yo sí estoy de acuerdo en que en el sector financiero español había auténticos analfabetos financieros: los rectores de las Cajas de Ahorros, nombrados como recordarán, de todo el espectro político y sindical. Esos politiquillos de tres al cuarto han arruinado las Cajas de Ahorros y provocado una crisis que ha generado un terrible sufrimiento en la sociedad española. Esperemos que la justicia haga que todos paguen por ello. Si no, habrá que suscribir los gritos que se escuchaban ayer a las puertas de la Audiencia.

© José L. Calvo, 2014

viernes, 21 de febrero de 2014

De informes, reforma laboral, el juego del ultimátum y otros

Publica hoy El País una noticia sobre el Informe elaborado por el Instituto de Estudios Fiscales (IEF) denominado La economía española, su evolución y escenarios para la recuperación, sobre el que me gustaría hacer algunos comentarios. En primer lugar, el citado periódico habla de que ha sido elaborado por el cuerpo de élite del Ministerio de Hacienda. Pues bien, es cierto que el IEF tiene un servicio de estudios compuesto por profesionales de alto nivel, pero mucho me temo que no han sido incluidos en la elaboración de este Informe, que es responsabilidad exclusiva de su Director, que no presidente. Y este es un cargo de elección directa, donde la valía profesional cuenta menos que la fidelidad a los valores que defiende el Sr. Montoro –los defensores de la fe en sentido estricto-.
En segundo lugar, en Economía con las previsiones pasa lo mismo que en el fútbol con las opiniones: todo el mundo tiene unas, mejor o peor justificadas. Y estas son las opiniones formuladas a partir de unos escenarios que el Director del IEF y su equipo elaboran, pero que muy bien podrían ser otros, ya que la Economía no es Física, los individuos no son átomos y a medio y largo plazo puede ocurrir cualquier cosa. La situación de Ucrania, Fukusima o una evolución imprevista del caso Bárcenas pueden dar al traste con el escenario previsto y con esas prospecciones al futuro.
Tercero, la relación directa que el Informe establece entre la reforma laboral y la creación de empleo. Según el Director del IEF mientras que tradicionalmente la economía española necesitaba crecer por encima del 3% para crear empleo, ahora con tan solo un 1% de crecimiento del PIB crearíamos empleo neto gracias a esa reforma. Es una explicación bastante ad hoc y que, qué casualidad, se ajusta perfectamente a las medidas impulsadas por el gobierno. Pero yo tengo otra. Tiene que ver con la Economía del Comportamiento y la Teoría de Juegos, y se denomina el juego del ultimátum.
Les pongo en antecedentes sobre este juego. A un individuo se la da una cuantía, 10€, que tiene que repartir con otro individuo anónimo. El segundo puede aceptar o rechazar la oferta. Si la acepta se reparten el dinero según la propuesta del primer jugador; si la rechaza ninguno de los dos recibe nada. Pues bien, este tipo de juego se realiza muy habitualmente entre empresarios y trabajadores: los primeros ofrecen un salario que los trabajadores pueden aceptar o rechazar; si lo aceptan se produce y el PIB crece, si lo rechaza se mantiene el desempleo y el PIB no crece. Como comprenderán, la situación en la que se encuentra el jugador 2, los trabajadores, es crucial para que acepten o no las propuestas. Y con un 26% de paro, unos sindicatos inexistentes, unas perspectivas de perder su casa, no poder alimentar a sus hijos, etc. lo normal es que acepten cualquier oferta, por mínima que esta sea. Así, los salarios están cayendo, los beneficios de la banca creciendo, la clase media desapareciendo y la distancia entre los ricos y los pobres convirtiéndose en un foso. Y con esa situación se crea los trabajadores aceptan cualquier oferta y se crea empleo creciendo al 0,5 o al 1%. La pregunta relevante es qué tipo de empleo y con qué relaciones laborales.
Finalmente, los deseos piadosos. Dice el Informe que “…si se llevan a cabo las políticas de ajuste adecuadas y se consigue recuperar la confianza de los hogares mediante la generación de empleo, expectativas de crecimiento, una adecuación de la presión fiscal, todo basado en una mejora de la competitividad exterior, junto con una recuperación de la inversión es previsible esperar un crecimiento del PIB por encima del 2,0% a partir de 2016”. Y si mañana me levanto y he crecido 50 cm me voy a jugar con los Lakers.
Y una nota personal para el Director del IEF. Es práctica común entre los economistas y los investigadores hacer referencia a las fuentes de donde surgen las ideas que expresamos en los textos. Por eso de no atribuirnos lo que no nos corresponde. En ese sentido me extraña que cuando hace su propuesta de un Plan Marshall para Europa no haga referencia a dónde formuló esa idea por primera vez: el blog de la Economía según Sun Tzu en noviembre de 2011. Más que nada porque no era el único autor de ese post.
 
© José L. Calvo

lunes, 10 de febrero de 2014

Más justicia y menos caridad

Uno de los temas recurrentes de la Economía del Comportamiento es la provisión de bienes públicos y el comportamiento altruista de los individuos. Les pongo en antecedentes con un juego típico en la literatura. Supongamos que tenemos 10 individuos a los que se dota con una cantidad, 10€, y se les ofrece la posibilidad de mantenerlos o aportar la cuantía que consideren a un fondo común del que obtienen beneficios conjuntos. El resultado para cualquier individuo es (10 - Ni)+ 0,3*N, siendo N la suma de lo que aporta cada individuo al fondo común. Es decir, que si el individuo no aporta nada mantiene sus 10€, pero si todos y cada uno aportan los 10€ al fondo común cada uno de ellos consigue 30€. En esa medida lo lógico es que todos aporten lo máximo, aunque no es lo racional. ¿Cuál es la mejor solución para el individuo j? No aportar nada y esperar que los demás aporten todo, ya que en ese caso obtiene un resultado de 10 + 0,3*90 = 37€. Es decir, comportarse como un free rider que dice la economía y que nosotros llamaríamos una jeta o un sinvergüenza.
Este tipo de comportamiento free rider lo vemos por ejemplo en el que elude pagar sus impuestos, el que se salta la cabina de la autovía pegado a otro coche… es decir, en todo aquél que disfruta de bienes públicos pero no aporta para su mantenimiento. Eso es malo. Pero es mucho peor cuando el que hace de free rider es el propio estado. Y eso es lo que en la actualidad está haciendo el gobierno central y muchos autonómicos con múltiples aspectos de la sociedad del bienestar tan relevantes como la lucha contra la pobreza, la sanidad para los sin papeles… que está dejando en manos de la solidaridad de los españoles. Así, vemos cómo se nos pide desde las ONGs que aportemos recursos para los más necesitados, que donemos parte de nuestro salario –del mío iban cerca de 200€ al mes aunque ahora se ha reducido porque acabo de borrar a Cruz Roja por comerciar con la sangre que donamos gratuitamente los madrileños- y mientras los gobiernos imPopulares van recortando prestaciones, disminuyendo su aportación en aras de unos ajustes que aplican a los más necesitados pero que ni son para ellos ni para sus protegidos –otro día hablaré del insulto de la bajada del IVA cultural a las obras de arte, como si los pobres y la clase media pudiésemos comprarlas-. Es decir, el gobierno de Rajoy actúa como free rider dejando la solución de  problemas de bienestar común en manos de la caridad del resto de los españoles.
Volvemos pues a las damas de la caridad del siglo XIX, a esas señoras que luciendo peineta y mantilla –como la Botella, Dña. Finiquito, Sorayita…-, repartían las sobras de su comida entre los necesitados, a Plácido y el siente a un pobre a su mesa. Pero ahora esas damas no lo hacen con su dinero, sino con el de las aportaciones de la clase media, de todos nosotros los solidarios.
Ojo, no me entiendan mal. Estoy absolutamente a favor de la lucha contra la pobreza, de aportar parte de mi salario al cuidado sanitario o a la educación en países donde la existencia de gobiernos corruptos y la mala gestión de los a veces riquísimos recursos naturales condenan a la población al hambre y la incultura. Pero me niego a hacerlo en mi país, donde hasta hace nada eran conquistas sociales. Y me indigna más aún que gracias a mi aportación el gobierno se desligue de esas luchas y dedique sus recursos a apoyar a bancos, políticos corruptos y ladrones varios. En un país como el nuestro, democrático y europeo, debemos exigir más justicia y menos caridad.

© José L. Calvo, 2014

miércoles, 22 de enero de 2014

España, dinero público, cuentas mentales y honestidad

En otros post he hablado de la prodigalidad con la que nuestros políticos emplean el dinero público y de la necesidad de llamarlo dinero del contribuyente para así tener una idea más clara de su origen y misión. En este quisiera hablarles de cómo podemos relacionar la actitud de los españoles hacia él con la Economía del Comportamiento. Y lo haré desde la perspectiva de los ingresos.
Los ingresos públicos proceden, básicamente, de los impuestos directos (IRPF) y los indirectos –fundamentalmente el IVA-. Cojamos los primeros y formulemos una sencilla pregunta ¿sabe usted cuánto paga en total al año por IRPF? ¿10.000, 20.000, 30.000€? La gran mayoría de los españoles, y especialmente de los asalariados, somos incapaces de responder a esta pregunta. La explicación la encontramos en lo que la Economía del comportamiento  denomina cuentas mentales separadas. La idea es muy sencilla: los impuestos son unos ingresos que nunca cobramos, una anotación contable en nuestra nómina de forma que con lo que realmente contamos cada mes es con los ingresos netos de impuestos. Es decir, que si yo gano 3.000€ brutos al mes y pago el 20% de IRPF lo que realmente me ingresan en el banco son 2.400€. Y ese es el dinero con el que cuento; los otros 600€ no los percibo como míos, están anotados en otra cuenta. Así, no es extraño que no nos preocupe su control, porque no los concebimos como nuestros, no sentimos que salen de nuestro bolsillo (en el que nunca entraron).
Esto además tiene una connotación adicional. Cuando llega junio y hemos de hacer nuestra declaración de la renta hacemos todo lo posible para pagar menos, incluso defraudamos un poquito. Supongamos que ganamos esos 2.400€ netos al mes, lo que supone unos ingresos brutos anuales de alrededor de los 40.000€ y que pagamos el tipo de 25%, lo que lo que nos da unos 10.000€/año. ¿Cuánto podemos defraudar, 500 o 600€? Un 5 o un 6%. El chocolate del loro pero que nos permite entender e incluso justificar a los defraudadores, donde se encuentran personajes como los Duques de Palma, Bárcenas, el PP… (presuntamente).
Pasemos a los impuestos indirectos. Sigamos suponiendo que nuestros ingresos son 40.000€/año, el IRPF 10.000 y que de los 30.000€ no ahorramos nada. Los 30.000 los dedicamos a consumo al que se aplica el tipo del IVA del 21%: 6.300€/año en concepto de IVA. ¿Cuánto podemos defraudar en IVA por no pagarlo en la reparación del fontanero, del electricista o incluso en la factura de nuestro abogado a los que pagamos en negro? ¿600€, el 10%?  Pues gracias a los 600€ que usted se ahorra, más los 600€ de muchos como usted, el electricista, el fontanero o el abogado están defraudando una cuantía muy importante al estado que tenemos que mantener entre todos –con 1.000.000 clientes como usted que pagan sin IVA los autónomos defraudarían 600.000.000€, que cobraría en negro y por los que pagaría 0 impuestos-. Es decir, que por ahorrarnos una miseria estamos fomentando un fraude fiscal masivo de esos autónomos.
Ahora viene la segunda parte. A ninguno de nosotros se nos ocurriría robarle la cartera a una ancianita. Ni tampoco ir a un hospital a sustraer el equipo médico, llevarnos las pizarras de las escuelas públicas o distraer un banco de un parque. Y sin embargo, ese es el resultado que obtenemos cuando no pagamos los impuestos que debemos para financiar las pensiones, los hospitales o los colegios.
Nuevamente la Economía del Comportamiento  tiene una explicación para esto, y se basa en nuestra relación con la honestidad. Y es que cuanto más distancia hay entre el que sufre nuestra falta de honestidad y nosotros más fácil es auto-engañarnos y considerarnos honrados sin serlo. Así, es verdad que no le robamos directamente a la anciana, pero nos escaqueamos de pagarle parte de su pensión cuando defraudamos a Hacienda. Piénselo la próxima vez que demanda sanidad o educación gratuita. ¿Cómo contribuye usted a que se financie con los impuestos?
Ahora seguramente me dirán que no pagamos porque los que manejan el dinero público son unos chorizos, porque lo utlizan con total prodigalidad en favor de sus intereses, porque los ricos pagan menos… Pero esa no es una razón. El porque todos roban yo también robo no es una justificación. Seamos honestos, cumplamos con nuestras obligaciones y exijamos nuestros derechos, que todos paguen.
Por cierto, que el hecho de que la Economía del Comportamiento explique tan bien la conducta de los españoles es probablemente la razón por la que no se incluye en los programas de Economía de las universidades. No sea que acabemos entendiendo lo que pasa.

© José L. Calvo, 2014