lunes, 19 de octubre de 2015

El ayuntamiento de Madrid y el efecto cobra

La cabeza tiene que estar para algo más que para llevar el sombrero
José Calvo Sr.

Cuentan en su libro Think like a Freak S. Levitt y S. Dubner (2014) la historia de las cobras en la India colonial. Ante un exceso de cobras que mataban a la población, el gobierno británico decidió lanzar una política consistente en pagar por cada piel de esa serpiente que les entregasen. En un caso de incentivos de manual de economía los hindúes se dedicaron a criar cobras en sus domicilios para luego vender al gobierno sus pieles. Ante la avalancha de éstas el gobierno suspendió el pago; los hindúes ya no encontraban ningún incentivo para criarlas y las soltaron, provocando que al final hubiese más cobras que al principio de la política creada para eliminarlas.
Un ejemplo similar sucedió con el tráfico en Ciudad de México. Ante la gravísima contaminación el ayuntamiento decidió obligar a que los coches circulasen en días alternos: unos días los vehículos con matrícula par; otros los de matrícula impar. Como resultado los mexicanos compraron dos coches con ambas matrículas. Pero, lógicamente, el segundo coche era mucho peor –solo se utilizaba en la Ciudad el día que “no se podía sacar el bueno”-, mucho más contaminante. Nuevamente el resultado fue un incremento de los atascos, mayores problemas de aparcamiento y, por supuesto, mayor contaminación.
 Los ediles del ayuntamiento de Madrid ni se han leído el libro de Levitt y Dubner ni conocen la más mínima teoría de los incentivos. Su intención de restringir el tráfico en Madrid incluido el de las motos los días de alta contaminación tiene buen fondo pero carece de una elaboración que tenga en cuenta otros aspectos relevantes: en primer lugar, aunque las motos contaminaran lo mismo que los coches ocupan mucho menos espacio y generan un tráfico mucho más fluido, lo que se traduce en menores atascos y menor contaminación; en segundo lugar porque la restricción es muy probable que provoque el mismo efecto que en Ciudad de México e incentive la compra de vehículos de segunda mano de peor calidad y más contaminantes; en tercer lugar esos nuevos vehículos provocarán mayores problemas de aparcamiento, lo que se traducirá, nuevamente, en mayores atascos y mayor contaminación; y por último, pero no de menor importancia, les pone a los pies de los caballos populares.  Como decía la Sra. Aguirre: “Cuando tengan que prohibir la circulación de coches y motos, veremos cómo consiguen meterlos a todos en el transporte público”. Para hacerlo tienen que negociar con el Consorcio Regional de Transportes en manos del PP. Y nuevamente el ayuntamiento demuestra su bisoñez y desconoce lo que son los incentivos –también en política-: si yo fuera un directivo del PP del Consorcio les prometería lo que quisieran -mayor frecuencia, gratuidad, etc.-; y el primer día de restricción ¡oh qué casualidad! se me pincharían la mitad de los metros y trenes de cercanías y  los autobuses tendrían problemas de combustible. Un atasco que dejaría pequeño al que vivimos el 5 de octubre.  
En las funciones matemáticas la segunda derivada es clave para saber si subes o bajas.

© José L. Calvo, 2015

lunes, 12 de octubre de 2015

Universidad. Enseñanza y desconocimiento de la socialización organizacional



Me encanta dirigir tesis. Esto es algo que como no cuenta para los sexenios solo hacemos los cuatro locos que seguimos pensando en la universidad como una vocación, como un servicio para la mejora de la ciencia. Aporto lo poco o mucho que sé pero sobre todo sentido común. Y aprendo mucho, muchísimo.
En la actualidad dirijo varias. Una de ellas, en colaboración con una profesora de Psicología, se adentra en un mundo que siempre había querido estudiar: la socialización organizacional, que dicho desde una perspectiva económica es cómo se organizan los factores productivos de las empresas y muy especialmente el trabajo. O dicho de otra forma, cómo se interrelacionan los directivos y los trabajadores para conseguir que la empresa funcione mejor, que sea más productiva. Nada que ver, por cierto, con la función de producción de la Teoría Económica.
Según la socialización organizacional hay dos tipos de factores que explican la satisfacción laboral: los higiénicos y los motivadores. Los higiénicos hablan de las condiciones físicas de trabajo y, lógicamente, es preciso que alcancen un nivel suficiente no solo para evitar la insatisfacción sino también para generar cierta satisfacción.  Por su parte los motivadores incluyen el logro personal, el reconocimiento, la responsabilidad, la mejora de la carrera profesional…  Son los verdaderos causantes de la satisfacción.
A los factores motivadores hay que añadir otras variables como la remuneración, la actividad realizada, las relaciones humanas, la seguridad, las condiciones ambientales, etc. En definitiva, la satisfacción surge cuando el trabajo que realmente hacemos cumple con las expectativas que como trabajadores nos habíamos generado. La satisfacción laboral mejora la eficiencia de los trabajadores y su productividad.
Hasta aquí la teoría que explicamos en la Facultad de Empresariales, en la de Psicología o en  Sociología. Pero ¿tiene esto algo que ver con lo que practican nuestros directivos –vicerrectores y asociados- que, recordemos, son profesores universitarios, algunos de ellos de esta materia? La respuesta es claramente no.
Es sorprendente cómo cuando un profesor universitario alcanza un cargo digital –por designación a dedo quiero decir- se olvida de todo lo que enseña y se convierte en un “directivo”. Su misión a partir de ese momento es “meter en cintura a los trabajadores/profesores”, hacerlos más productivos en aras de un interés que, obviamente, no hay que explicar. Sus antiguos compañeros –que volverán a serlo acabado su plazo de “cargo”, y siempre se acaba- carecen de opinión. Ellos saben perfectamente lo que es bueno para nosotros y para la institución.
Dicho en términos de la socialización organizacional, cumplen con los factores higiénicos –sin pasarse- y actúan contra los motivadores. Se olvidan de lo que enseñan, y es que para que una organización funcione bien debe haber un compromiso afectivo/emocional de los trabajadores/profesores con su empresa/universidad. Facilitan así el modelo del “desinterés por la organización” que establece que las personas se distancian de ella mostrando un patrón de conducta negativo: aumentar el absentismo, disminuir el esfuerzo, perder tiempo…
Ya lo decía mi padre, una cosa es predicar y otra dar trigo.
© José L. Calvo, 2015
P.D.: dedicado a los cargos de investigación que nunca han dirigido una tesis y a los “directivos” UNED que gestionan en contra de lo que enseñan. Ellos saben quienes son.

jueves, 1 de octubre de 2015

Mis buenos vecinos catalanes

Pasada ya la resaca de la elecciones catalanas cabe reflexionar un poco sobre lo que ha sucedido no solo el 27-S, sino en la legislatura de D. Trancredo M. Rajoy y el bombero con la lata de gasolina A. Mas. 
Para empezar dos puntualizaciones: el primero me afecta personalmente, y es que yo no entiendo el nacionalismo. Por ideología soy internacionalista y mi himno es el de la Tercera Internacional; he nacido en Madrid –en Chamberí-, me siento culturalmente de León y me encanta Euskadi; no me he sentido extranjero en ningún país –si exceptuamos los árabes- y no tendría problemas en trasladarme a París, Londres, Sidney o Nueva York. La segunda hace referencia a lo que afirma D. Kahneman: el 70% de nuestras decisiones son irracionales, no basadas en la racionalidad sino en cómo nos sentimos y, sobre todo, cómo nos hacen sentir.
Y sin embargo, debo decir que como español me he sentido insultado y robado. Ya he manifestado que creo que los catalanes –y ya no es solo cosa del “muy honorable”- han vendido su deseo de independencia fatal a los españoles. Empezaron insultando a todos y cada uno con su España me roba –generalizar nunca es bueno; yo nunca he robado nada a nadie- siguieron robándonos, ello sí, nuestros santos –Santa Teresa, San Ignacio de Loyola- o nuestros héroes –Colón, Trujillo, Cortés- y acabaron silbando a nuestra bandera y nuestro himno. Es cierto que los delirios de la ANC pueden y deben tomarse a broma, pero llueve sobre mojado, y al final ante tanta estulticia y mala educación los españoles nos hemos cabreado. Cuestión de sentimientos y de cómo nos han hecho sentirnos que se traducen en aspectos económicos como los depósitos en el banco Sabadell, la caída en Bolsa de las empresas catalanas del IBEX35 y la disminución de sus ventas en el estado español –que seguramente no ha hecho más que empezar-.

Recomponer la situación es, a mi juicio, imposible. Es una situación sin retorno y lo mejor que se puede hacer es propiciar, de forma amistosa y pacífica, la independencia de Catalunya. Por un lado porque prácticamente la mitad de los catalanes han manifestado su voluntad de no querer seguir en España. Y no tiene sentido imponer tu presencia a alguien que no quiere estar contigo. Por otro lado, porque la solución ya no se encuentra en un modelo federal o confederal. Los catalanes que abogan por la independencia, lógicamente, siempre pedirán más y más… y el resto de los españoles nos sentiremos tratados como ciudadanos de segunda, viendo cómo los políticos admiten sus demandas con tal de que no se segreguen –Sr Sánchez, ¿por qué el Senado, que no sirve para nada, tiene que irse a Barcelona y no a Sevilla, A Coruña, Logroño o Valencia?-.
Es como cuando se rompe una pareja: ya puedes intentar recomponer los pedazos, aportar ambos su mejor voluntad, que siempre quedará la desconfianza, la vigilancia para que el otro no te la vuelva a liar. Por ese motivo creo que lo mejor es hacer como la vieja Checoslovaquia: repartir los bienes –y las deudas. Por cierto Sr. Mas, las pensiones españolas son contributivas, yo no pago para mi futura pensión sino para pagar las actuales. Así que los pensionistas catalanes deberían ser pagados no por el estado español sino por el estado catalán y las cotizaciones de los trabajadores catalanes-, apoyar que Catalunya no salga de la Unión Europea y comportarnos como vecinos civilizados. Así, y solo así, podrá recobrarse la confianza y las buenas relaciones entre los ciudadanos y las empresas de los dos países.
© José L. Calvo, 2015

domingo, 26 de julio de 2015

UNED. Un dinosaurio en la era digital

Hace unas semanas dirigí un curso de verano sobre Emprendedores en Ponferrada. En él puede escuchar las fantásticas exposiciones procedentes del campo académico-profesional de Álvaro Gómez Vietes y David Abril –qué bueno cuando uno tiene un pie en cada lado-, y las experiencias de internacionalización de dos empresas leonesas: Cupa group y Pharmadus. Y cuanto más les escuchaba más cuenta me daba de que la UNED, y por extensión la universidad pública española, desconoce completamente la realidad, las necesidades y los retos a los que se enfrenta nuestra sociedad. Para clausurar estos cursos me he impuesto aportar algunas ideas que resumen lo visto y que pueden ayudar a mejorar el comportamiento de nuestros emprendedores. Como algunas de ellas son perfectamente aplicables a este caso, les traslado solo tres de ellas para no alargar el post.
1.       El consumidor es el rey. Esto que es una máxima del marketing se aplica hoy en día a muchos ámbitos, incluida la formación. La ley de Say de que toda oferta genera su propia demanda está obsoleta. Por el contrario, el mercado está saturado de grados iguales, que ofrecen las mismas asignaturas año tras año y siglo tras siglo, sin variar contenidos ni actualizar realmente el sistema de formación. Esta visión estática choca frontalmente  con una sociedad absolutamente dinámica impuesta por la rápida evolución de la tecnología, la economía, la sociedad y la generalización de la competencia –hoy se puede estudiar on line en cualquier universidad del mundo-. Es esencial actualizar permanentemente tanto los contenidos como la forma de enseñar y adecuarlos a lo que demanda la sociedad
2.       Estudia el mercado. El mercado son conversaciones. Es un latiguillo habitual oír que los alumnos de la UNED son especiales. Pero no se sabe por qué lo son ya que no se conocen ni sus características, ni a qué segmento de población pertenecen, ni los motivos por los que cursan los estudios en la UNED en lugar de acudir a una universidad presencial, etc. –hay una oficina de estadística que guarda los datos como oro en paño y nos los niega a los investigadores-. En consecuencia es incapaz de adaptar su oferta a esa demanda. Los programas de los grados o los másteres no se ajustan a lo que sus alumnos necesitan sino a lo que saben los profesores y la distribución de poder dentro de las Facultades y Escuelas –el grado de Turismo es probablemente el caso más paradigmático que conozco. Ni una sola asignatura sobre redes sociales, internet o marcas. Por el contrario política económica, econometría, etc.-. Sencillamente la UNED no vende formación, vende títulos. Y esto se están devaluando permanentemente porque no hay conocimientos asociados a ellos.
Por otro lado, cualquier empresa sabe que hoy la información fluye de manera multidireccional, de ella a los consumidores, de estos entre ellos y hacia ella. Que los mercados son conversaciones. Pensar que el sistema de comunicación es unidireccional –como el espacio del rector- solo implica que se desconocen los efectos que la revolución de internet y las redes sociales han introducido en las relaciones universidad/estudiantes. Luego les extraña que los alumnos creen redes propias en Facebook al margen de la UNED y que muchos profesores hayamos optado por redirigir nuestro correo hacia Gmail donde la administración es mucho más sencilla, ágil y comunicativa que dentro de la propia universidad.    
3.       Haz números.  Este es un consejo que doy siempre a los alumnos, porque aunque parece lo más lógico del mundo nos cuesta mucho trabajo poner sobre la mesa los costes y beneficios de nuestras ideas. Dos cuestiones en este caso: en primer lugar, a la UNED le han puesto los números tanto la IGAE como el Tribunal de Cuentas, y ambos lo han dejado claro: esta universidad es inviable si no hace un recorte muy importante en personal de administración (PAS). Parece falto de toda razón que en una universidad exista más administrativos que profesores, lo mismo que prácticamente uno de cada dos profesores ostente un cargo de administración remuneradohay más jefes que indios-. La segunda es incluso mucho más de sentido común: por mucho que usted ingrese, si es una persona derrochadora nunca podrá equilibrar sus cuentas. Nuevamente no parece muy sensato que una universidad on line cuente con una estructura física tan extensa: rectorado en el centro de Madrid, facultades y escuelas con despachos individuales para la gran mayoría de los profesores cuando más del 90% de las gestiones se pueden resolver desde cualquier ordenador con conexión a internet, centros asociados infrautilizados, etc. Como sabe cualquiera, es más importante y fácil racionalizar el gasto que intentar obtener más ingresos.
Dos cuestiones para finalizar mi exposición. Podría quedarme callado, encerrarme en mi despacho y gestionar las asignaturas a mi cargo hasta la jubilación que ya  oteo; podría incluso mostrarme sumiso e ingresar en el club del carguillo que me permitiese completar mis ingresos. Pero soy como el escorpión. Hace que me hierva la sangre el ver cómo se dilapidan las oportunidades y el capital acumulado de una universidad que inventó la economía de la larga cola en España  aun sin saber lo que era.
Por último, siempre he sabido distinguir entre el terreno personal y el profesional. Hay algún miembro del actual equipo rectoral al que puedo llamar amigo –espero que después de esto él también-, lo mismo que siento aprecio personal por el rector. Pero desde una perspectiva profesional creo que la UNED está dirigida por un grupo de personas excesivamente mayores, sin proyección de futuro, sin capacitación para su gestión y sin ambición. Es un equipo analógico en un mundo digital. Les dejo con El programa de las Mises del Plan estratégico 2014-2017 de la UNED. Solo les falta pedir la paz en el mundo.
© José L. Calvo, 2015