viernes, 21 de febrero de 2014

De informes, reforma laboral, el juego del ultimátum y otros

Publica hoy El País una noticia sobre el Informe elaborado por el Instituto de Estudios Fiscales (IEF) denominado La economía española, su evolución y escenarios para la recuperación, sobre el que me gustaría hacer algunos comentarios. En primer lugar, el citado periódico habla de que ha sido elaborado por el cuerpo de élite del Ministerio de Hacienda. Pues bien, es cierto que el IEF tiene un servicio de estudios compuesto por profesionales de alto nivel, pero mucho me temo que no han sido incluidos en la elaboración de este Informe, que es responsabilidad exclusiva de su Director, que no presidente. Y este es un cargo de elección directa, donde la valía profesional cuenta menos que la fidelidad a los valores que defiende el Sr. Montoro –los defensores de la fe en sentido estricto-.
En segundo lugar, en Economía con las previsiones pasa lo mismo que en el fútbol con las opiniones: todo el mundo tiene unas, mejor o peor justificadas. Y estas son las opiniones formuladas a partir de unos escenarios que el Director del IEF y su equipo elaboran, pero que muy bien podrían ser otros, ya que la Economía no es Física, los individuos no son átomos y a medio y largo plazo puede ocurrir cualquier cosa. La situación de Ucrania, Fukusima o una evolución imprevista del caso Bárcenas pueden dar al traste con el escenario previsto y con esas prospecciones al futuro.
Tercero, la relación directa que el Informe establece entre la reforma laboral y la creación de empleo. Según el Director del IEF mientras que tradicionalmente la economía española necesitaba crecer por encima del 3% para crear empleo, ahora con tan solo un 1% de crecimiento del PIB crearíamos empleo neto gracias a esa reforma. Es una explicación bastante ad hoc y que, qué casualidad, se ajusta perfectamente a las medidas impulsadas por el gobierno. Pero yo tengo otra. Tiene que ver con la Economía del Comportamiento y la Teoría de Juegos, y se denomina el juego del ultimátum.
Les pongo en antecedentes sobre este juego. A un individuo se la da una cuantía, 10€, que tiene que repartir con otro individuo anónimo. El segundo puede aceptar o rechazar la oferta. Si la acepta se reparten el dinero según la propuesta del primer jugador; si la rechaza ninguno de los dos recibe nada. Pues bien, este tipo de juego se realiza muy habitualmente entre empresarios y trabajadores: los primeros ofrecen un salario que los trabajadores pueden aceptar o rechazar; si lo aceptan se produce y el PIB crece, si lo rechaza se mantiene el desempleo y el PIB no crece. Como comprenderán, la situación en la que se encuentra el jugador 2, los trabajadores, es crucial para que acepten o no las propuestas. Y con un 26% de paro, unos sindicatos inexistentes, unas perspectivas de perder su casa, no poder alimentar a sus hijos, etc. lo normal es que acepten cualquier oferta, por mínima que esta sea. Así, los salarios están cayendo, los beneficios de la banca creciendo, la clase media desapareciendo y la distancia entre los ricos y los pobres convirtiéndose en un foso. Y con esa situación se crea los trabajadores aceptan cualquier oferta y se crea empleo creciendo al 0,5 o al 1%. La pregunta relevante es qué tipo de empleo y con qué relaciones laborales.
Finalmente, los deseos piadosos. Dice el Informe que “…si se llevan a cabo las políticas de ajuste adecuadas y se consigue recuperar la confianza de los hogares mediante la generación de empleo, expectativas de crecimiento, una adecuación de la presión fiscal, todo basado en una mejora de la competitividad exterior, junto con una recuperación de la inversión es previsible esperar un crecimiento del PIB por encima del 2,0% a partir de 2016”. Y si mañana me levanto y he crecido 50 cm me voy a jugar con los Lakers.
Y una nota personal para el Director del IEF. Es práctica común entre los economistas y los investigadores hacer referencia a las fuentes de donde surgen las ideas que expresamos en los textos. Por eso de no atribuirnos lo que no nos corresponde. En ese sentido me extraña que cuando hace su propuesta de un Plan Marshall para Europa no haga referencia a dónde formuló esa idea por primera vez: el blog de la Economía según Sun Tzu en noviembre de 2011. Más que nada porque no era el único autor de ese post.
 
© José L. Calvo

lunes, 10 de febrero de 2014

Más justicia y menos caridad

Uno de los temas recurrentes de la Economía del Comportamiento es la provisión de bienes públicos y el comportamiento altruista de los individuos. Les pongo en antecedentes con un juego típico en la literatura. Supongamos que tenemos 10 individuos a los que se dota con una cantidad, 10€, y se les ofrece la posibilidad de mantenerlos o aportar la cuantía que consideren a un fondo común del que obtienen beneficios conjuntos. El resultado para cualquier individuo es (10 - Ni)+ 0,3*N, siendo N la suma de lo que aporta cada individuo al fondo común. Es decir, que si el individuo no aporta nada mantiene sus 10€, pero si todos y cada uno aportan los 10€ al fondo común cada uno de ellos consigue 30€. En esa medida lo lógico es que todos aporten lo máximo, aunque no es lo racional. ¿Cuál es la mejor solución para el individuo j? No aportar nada y esperar que los demás aporten todo, ya que en ese caso obtiene un resultado de 10 + 0,3*90 = 37€. Es decir, comportarse como un free rider que dice la economía y que nosotros llamaríamos una jeta o un sinvergüenza.
Este tipo de comportamiento free rider lo vemos por ejemplo en el que elude pagar sus impuestos, el que se salta la cabina de la autovía pegado a otro coche… es decir, en todo aquél que disfruta de bienes públicos pero no aporta para su mantenimiento. Eso es malo. Pero es mucho peor cuando el que hace de free rider es el propio estado. Y eso es lo que en la actualidad está haciendo el gobierno central y muchos autonómicos con múltiples aspectos de la sociedad del bienestar tan relevantes como la lucha contra la pobreza, la sanidad para los sin papeles… que está dejando en manos de la solidaridad de los españoles. Así, vemos cómo se nos pide desde las ONGs que aportemos recursos para los más necesitados, que donemos parte de nuestro salario –del mío iban cerca de 200€ al mes aunque ahora se ha reducido porque acabo de borrar a Cruz Roja por comerciar con la sangre que donamos gratuitamente los madrileños- y mientras los gobiernos imPopulares van recortando prestaciones, disminuyendo su aportación en aras de unos ajustes que aplican a los más necesitados pero que ni son para ellos ni para sus protegidos –otro día hablaré del insulto de la bajada del IVA cultural a las obras de arte, como si los pobres y la clase media pudiésemos comprarlas-. Es decir, el gobierno de Rajoy actúa como free rider dejando la solución de  problemas de bienestar común en manos de la caridad del resto de los españoles.
Volvemos pues a las damas de la caridad del siglo XIX, a esas señoras que luciendo peineta y mantilla –como la Botella, Dña. Finiquito, Sorayita…-, repartían las sobras de su comida entre los necesitados, a Plácido y el siente a un pobre a su mesa. Pero ahora esas damas no lo hacen con su dinero, sino con el de las aportaciones de la clase media, de todos nosotros los solidarios.
Ojo, no me entiendan mal. Estoy absolutamente a favor de la lucha contra la pobreza, de aportar parte de mi salario al cuidado sanitario o a la educación en países donde la existencia de gobiernos corruptos y la mala gestión de los a veces riquísimos recursos naturales condenan a la población al hambre y la incultura. Pero me niego a hacerlo en mi país, donde hasta hace nada eran conquistas sociales. Y me indigna más aún que gracias a mi aportación el gobierno se desligue de esas luchas y dedique sus recursos a apoyar a bancos, políticos corruptos y ladrones varios. En un país como el nuestro, democrático y europeo, debemos exigir más justicia y menos caridad.

© José L. Calvo, 2014